INTRODUCCIÓN

Este cuento se ha escrito especialmente para ser contado con sa Tauleta màgica (sTm para los amigos). ¿Podría explicarse sin ella? Pues supongo que sí, aunque sería más o menos cómo contar "El gato con botas" haciendo ir descalzo al pobre animal. En los dos casos, el resultado sería una historia diferente, menos original y divertida. Además, si aún no tienes tu Tauleta... ¿No crees que ya va siendo hora de hacerte con una?

"La Edad Seria" es un cuento infantil, o mejor dicho familiar. Mientras la etiqueta "infantil" se limita tan solo a un rango de edad, lo "familiar" hace referencia a una actividad compartida, y también a una determinada actitud. Una actitud en cierto modo risueña y soñadora, por desgracia actualmente más amenazada que el lince ibérico. Porqué en estos tiempos extraños que estamos viviendo, lo peor no es ya la renuncia de los adultos a sacar el niño que en teoría llevamos dentro; lo más grave es que a menudo incluso impedimos a los propios niños que se comporten como tales.

De todo esto (y de alguna cosa más) va precisamente "La Edad Seria". Pero no adelantemos acontecimientos, y sobre todo no nos pongamos demasiado serios...


LA EDAD SERIA
[Comenzamos dirigiéndonos al público con las manos en la espalda, ocultando sTm]

¡Hola, hola, hola! Hoy os voy a contar una historia especial, y por eso me he traído un ayudante también muy especial. ¿Queréis conocerlo? Os presento a "sa Tauleta màgica".

[Mostramos en la palma de la mano sTm plegada]

Ahora está quietecita, descansando, pero no os dejéis engañar por su apariencia tranquila. Ya lo veréis; "sa Tauleta màgica" es casi tan inquieta cómo vosotros. ¡Uy! Ya empieza a moverse...

[Desplegamos sTm con una escalera progresiva y a continuación formamos una sonrisa]


Parece que quiere decirnos algo. ¿Qué es esta forma? ¿A qué os recuerda? Y no me digáis que a una ristra de salchichas, que aún no he desayunado/comido/merendado (según corresponda) y todavía me entraría más hambre... Venga, sin miedo, ¿alguna idea?

[Si alguien dice Risa, Sonrisa o algo
parecido]


¡Muy bien! ¡Eso es! Una espléndida sonrisa de oreja a oreja. Bueno, es un decir, porque "sa Tauleta" no tiene orejas. Pero eso sí, oye todo lo que decimos.

Qué rápido habéis visto la sonrisa. Os felicito. Aunque os parezca increíble, hubo un tiempo en el que nadie lo hubiera adivinado.
[Si nadie dice Risa, Sonrisa ni nada
parecido]


¿Nada? Pues se trata de sonrisa de oreja a oreja. Bueno, es un decir, porque "sa Tauleta" no tiene orejas. Pero eso sí, oye todo lo que decimos.

Pues bien, hubo un tiempo en el que ni aunque se lo hubiéramos preguntado a todas las personas del mundo,  tampoco nadie hubiera adivinado que esto era una sonrisa.

 Si, si. ¿Y sabéis por qué? Pues porque hubo un tiempo en el que la gente se olvidó de sonreír. Así cómo suena.

[Plegamos sTm, con una mano si somos tauleters expertos, y si no tranquilamente con las dos (¡todo se andará!)]


Pensaréis que estoy exagerando. Para nada. Y no me refiero a que algunas personas dejaran de sonreír, cómo el quiosquero con cara de pocos amigos de al lado de vuestra casa, ese que gruñe cada vez que alguien coge alguna de sus revistas y se pone a ojearla. Yo estoy hablando de una época en la que todo el mundo se olvidó de sonreír.

Semejante tragedia no se produjo de un día para otro. Todo comenzó como una simple moda, igual que llevar pantalones bombachos o jugar a las canicas o a la peonza en el patio. Pero cada vez más y más personas se fueron convenciendo de que tal y como estaban las cosas, la seriedad era la única respuesta posible. Sonreír lo veían una pérdida de tiempo, un lujo que no podían permitirse. "Si la naturaleza es tan sabia, por algo hará llorar a los niños al nacer en lugar de reír" era uno de sus principales argumentos.

En cuestión de meses, si te veían reír o incluso sonreír en la calle, lo más normal es que alguien te pusiera mala cara o te llamara la atención por esa grave falta de educación. De ahí vienen frases populares como "No te rías que es peor". En cambio, aquel individuo que iba caminando rápido por la calle con cara de palo, despertaba admiración a su paso: "es un tipo serio", "debe estar tratando asuntos importantes", "este hombre va en serio", cuchicheaban las personas a su alrededor.

También hubo gente, aunque tampoco demasiada, todo sea dicho, que luchó por continuar sonriendo. Formaron un movimiento conocido con el nombre de "la risastencia". En un intento desesperado, incluso llegaron a organizar clases sobre la risa. Tenían un nombre raro, "risoterapia" o algo así. Pero cómo os podéis imaginar, no sirvieron de mucho: la risa no se puede forzar.

Rápidamente fue ganando terreno el lema "ocúpate hoy de las cosas serias, que ya reirás mañana". Pero por mucho que se ocupaban, ese mañana nunca llegaba. Y como reír no es como ir en bicicleta, que nunca se olvida, lo que llegó fue el día en que se olvidaron de reír. Y estaban tan ocupados que ni se dieron cuenta.    

Durante algunos años, sin saber porqué, a menudo las personas se ponían tristes, melancólicas...

[Desplegamos sTm  y formamos una mueca de tristeza]

 

Pero con el paso del tiempo, sus rostros acabaron reflejando algo aún mucho peor que la tristeza y el llanto: la ausencia de emociones:

[Estiramos sTm hasta dejarla completamente horizontal]



Había comenzado una nueva etapa en la historia de la humanidad. Bienvenidos a la Edad Seria.


[Plegamos con solemnidad sTm]

"Pues vaya nombre más tonto para ponerle a una época", más de uno de vosotros estará pensando ahora mismo. Lo puedo leer en vuestras caras. Y un poco de razón sí que tenéis. Yo no sé quién es el encargado de poner los nombres a los periodos de la historia, pero desde luego suele quedarse a gusto. Que si edad de piedra y de bronce, que si edad antigua y moderna. Y a la edad hay entre estas dos, en un alarde de imaginación van y le ponen la Edad Media. Que si, que tendría muchos caballeros, princesas y hasta algún que otro dragón, pero vaya birria de nombre: Edad Media. Así que Edad Seria tampoco suena tan mal.

¿Y cómo eran las personas en la Edad Seria? Pues más o menos igual que en el resto de épocas.

[Formamos un hombrecillo, a ser posible con los brazos caídos]


Lo único que, ¿sabéis esa sensación cuando se os duerme una pierna por estar mucho rato sin moveros? Pues a la gente de la Edad Seria le ocurría lo mismo con los 17 músculos de la boca que se flexionan al sonreír.

[Plegamos sTm]

Pero ahora no quiero aburriros con esos detalles. Cómo os podéis imaginar,
la vida en la Edad Seria no tenía mucha gracia. Así que vamos a centrarnos en la historia que le ocurrió a una familia en particular: la familia Aires.

La familia Aires estaba compuesta por Risto, el padre, Eva, la madre, y su hijo, que se llamaba...
- ¡Evaristo! Es la segunda vez en lo que va de curso que no sacas las mejores notas de tu clase -lamentó su padre al ver sus calificaciones-. Espero que no vuelva a suceder.

Como de costumbre, Evaristo había sacado unas notas extraordinarias, pero a su padre no le bastaba. Tenía que ser el número uno; todo lo demás era insuficiente.

El origen del nombre del chico, Evaristo, ya os lo podeís imaginar. Llamándose sus padres Eva y risto... Así se las gastaban en la Edad Seria. Todo seguía una lógica aplastante. Aunque a veces, por error, la gente le llamaba "Evarristo". Aquello hacía enfadar sobremanera a su padre, que no era muy tolerante con las equivocaciones, especialmente con las de los demás. La familia Aires era un ejemplo de perfección para las demás, un modelo de éxito y seriedad admirado en toda la provincia. A menudo la gente acudía a su casa, una encantadora vivienda unifamiliar, para pedirles consejo sobre los problemas más diversos.

[Formamos cualquiera de las casas que se pueden hacer, por ejemplo ésta]


A Risto le encantaba recibir visitas en su casa y dar sus sabios consejos. Pero
si había una cosa que Risto se tomaba especialmente en serio, esa era su trabajo. Además, cuando él trabajaba, siempre dejaba a sus clientes con la boca abierta. Era dentista infantil.

[Plegamos sTm]

De estar
aquí ahora mismo, Risto no vería niños, sino clientes potenciales. A 75 euros la caries... Bueno, no, que en la Edad Seria no utilizaban euros. Ni pesetas, ni dólares. Tenían su propia moneda: el adusto. Yo pensaba que era una palabra inventada, pero antes la he buscado en el diccionario y resulta que ya existe. Quiere decir "de aspecto o carácter serio y severo". Adusto. Rimando con "adulto" ya se veía venir que no iba a ser nada divertido.

Es curioso cómo en la Edad Seria el vocabulario evolucionó adaptándose a la nueva realidad. Las palabras relacionadas con la diversión y las bromas se fueron quedando arrinconadas. ¿Qué sentido tenía gastar una broma o contar un chiste si nadie se iba a reír? Por el contrario, todos sabían hablar de la seriedad con todo lujo de detalles y utilizando un sin fin de palabras. Es como los esquimales, que al vivir rodeados de nieve son capaces de distinguir entre 30 tipos de blanco. Pues en la Edad Seria lo mismo pero con la seriedad.

Pero volvamos con la familia Aires. Como ya os he dicho, la mujer de Risto se llamaba Eva. Mientras su marido tenía el pelo corto y de un rubio dorado como una moneda de 10 adustos, ella lucía una larguísima cabellera morena. Eva trabajaba para una fábrica de bollería. Era la encargada de decidir que cromo se metía en cada pastelito. Vaya trabajo más guay y divertido, ¿no?

Bueno, ella introducía cada cromo con la misma seriedad que su marido extraía cada muela. Y los 2 negocios se complementaban de maravilla. Día tras día, Eva metía un cromo diferente, siempre irresistible, con colores que ni el arco iris conoce. Los niños querían hacerse con toda la colección y no paraban de dar la lata a sus padres (con los abuelos era bastante más fácil) hasta que les compraban el bollo en cuestión con el preciado tesoro. Y ya sabéis que pasa con la bollería industrial, que provocan caries y esas cosas a los dientes. Pero ahí estaba Risto, dispuesto a solucionar rápidamente el problema. Tras el paso por su consulta los dejaba listos para seguir
comiendo bollos y consiguiendo cromos. Un círculo perfecto. El yin y el yang en versión occidental. Vistas las sinergias, Risto y Eva acabaron por ponerse a trabajar puerta con puerta.

[Formamos cualquiera casa con anexo, por ejemplo ésta]


En la casa con el tejado en forma de pico trabajaba Eva, y justo al lado, en la casita con el techo plano, Risto tenía su consulta de dentista.

[Plegamos sTm] 

Y por fin llegamos al protagonista de nuestra historia: Evaristo. El chico, en lugar de heredar el cabello rubio del padre o moreno de la madre, era pelirrojo. Por lo visto tenía el pelo igualito que su tatarabuelo, quien por cierto había sido el último líder de "la risastencia”, aunque de aquello ya nadie se acordaba. Evaristo se aplicaba al máximo en la escuela, en las actividades extraescolares, en casa... para tratar de satisfacer a sus exigentes padres. Y nunca les llevaba la contraria. Por ejemplo, un día su padre le propuso dejarde llamarle Evaristo y cambiárselo por Varis. Así evitarían le llamaran "Evarristo"
por error, y, sobre todo, se ahorrarían 3 letras cada vez que se pronunciara su nombre. Evaristo, es decir Varis, aceptó el cambio sin rechistar, y para regocijo de su padre dijo muy serio calculadora en mano:

[Tecleamos sobre sTm plegada] 

- Esto supondrá un ahorro del 37,5%.

Sin embargo, cuando Varis alcanzó más o menos vuestra edad, algo empezó a cambiar. Notaba que le faltaba algo, y no era la "E" inicial
de su nombre ni el "TO" final. La causa de su tristeza tampoco era que de vez en cuando no sacaras las mejores notas de su clase, pues incluso cuando las sacaba se sentía igual de compungido. A veces, sobre todo por las noches, se ponía a llorar sin más. ¿Sabéis eso que se suele decir "Me rio por no llorar"? Pues a Varis le pasaba justo lo contrario: lloraba por no reír. Desorientado pero determinado a encontrar lo que le faltaba, comenzó una incansable búsqueda. Sus padres se dieron cuenta pronto de su extraño comportamiento y de sus extrañas preguntas, del tipo ¿Papá, mamá, vosotros sois felices? "¡Claro! ¡Por supuesto, hijo! Igual que tú" respondieron sin dudarlo un segundo.  Pero Varis sentía que en el puzle de su felicidad faltaba una pieza muy importante..

Eva y Risto estaban orgullosos de su hijo. Varis siempre sacaba las mejores notas de su clase y destacaba como delantero en su equipo de fútbol. Por aquel entonces, llegó a ser el pichichi de la liga, y sus padres le regalaron un balón de reglamento. Edición especial grandes futbolistas.

[Formamos un balón]


Perdón, ¿he dicho pichichi? No, no, que ya no se utilizaba esa palabra. Se la veía poco seria y se sustituyó por su traducción al inglés: "top scorer". Puede parecer absurdo, pero esa práctica era de lo más habitual; cuando
a alguna cosa se le quería dar importancia o seriedad extra,  se decía en inglés y asunto arreglado.

Una mañana, mientras Risto estaba en su trabajo, recibió una extraordinaria noticia: se le había concedido el premio "Alta resolución" (hacer clic para ampliar info). Una especie de ciudadano del año, que premiaba a las personas que habían tomado resoluciones (es decir, decisiones) difíciles y valientes. En el caso de Risto, el motivo del galardón era su innovador método exprés para curar caries. Dolía un poco más, de acuerdo, pero resultaba mucho más rápido que el sistema anterior. Por otra parte, el nuevo tratamiento tenía un efecto secundario: dejaba los dientes más puntiagudos y afilados que los de un vampiro.

[Formamos un par de colmillos]


Al principio Risto no le dio la menor importancia a ese hecho, pues al no sonre
ír, las personas tampoco mostraban tanto los dientes. Pero de todos modos, poco a poco se fue corriendo la voz y cada vez acudían clientes de más lejos para curar su caries y de paso conseguir ese efecto vampirizante para su dentadura.

[Plegamos sTm] 

Cabe señalar que en aquel tiempo se vivió una auténtica fiebre con todo lo relacionado con los vampiros. Era el tema de las películas y series de más éxito, junto con zombis y policías atormentados. ¿Por qué? ¿Qué tienen en común un vampiro, un zombi y un policía atormentado?

[Formamos un péndulo cualquiera, por ejemplo éste]
TIC, TAC, TIC, TAC...

Pues claro, que no se ríen ni aunque les hagan cosquillas en los pies con plumas de avestruz. Y por eso el público se sentía tan identificado con ellos.

[Plegamos sTm] 

Volviendo a la realidad, la cuestión es que Risto no podía estar más contento con el premio. Y para celebrarlo como la ocasión merecía, daría una fiesta por todo lo alto aquella misma noche en casa. Entre muela y muela, a lo largo de la mañana fue organizando la fiesta: comida, bebida, y un escenario donde daría ante los asistentes su discurso de agradecimiento por el premio recibido. Risto solía hablar de excelencia, eficiencia, eficacia y cosas así, siempre buscando la perfección en todo lo que hacía. Pero todas las personas, por eso, porque son personas, a veces se equivocan. Y en aquella ocasión, Risto olvidó lo que Eva le había encargado por la mañana: "Risto, mañana Varis va de excursión al zoo. Ve a recogerle tú, que yo por la tarde tengo una reunión de trabajo muy importante".

Al ver que los padres de Varis no aparecían, el profesor trató de contactar con ellos. Pero los dos móviles estaban apagados. El de su madre, porqué estaba en la reunión, y convencida de que su marido estaba con Varis. Y el de Risto, porqué lo había desconectado para escribir un discurso a la altura de las circunstancias. Después de insistir una y otra vez, finalmente, el profesor logró localizar al padre del chico. Llevaba un móvil plegable, de los antiguos.

[Desplegamos el móvil plegable y nos lo ponemos en la oreja]


- ¡Córcholis! ¡Qué cabeza la mía! Es que me han dado el premio "Alta resolución", ¿Sabe usted? Bueno, bueno, ahora mismo voy.

Lo de "ahora mismo" era un decir, porqué el zoo se encontraba en el otro extremo de la ciudad y además justo era hora punta. Llegó la hora del cierre y Risto aún se encontraba a mitad de camino. El guardia de seguridad del zoo acompañó a Varis a su garita y ambos se sentaron compartiendo mesa. Mientras el guardia merendaba, Varis aprovechó para hacer los deberes. Cuando le ofreció una manzana, el chico abrió la boca para rechazar la invitación. Sin embargo, llevaba varias horas sin probar bocado, y un ruidoso crujido de su estómago respondió por él. El vigilante le lanzó la manzana y se puso en pie.

- Bueno, Voy a hacer la ronda. No te muevas mucho ¿Vale?

Varis dijo que si con la cabeza mientras sostenía con las dos manos la apetecible manzana. Cuando el guardia se disponía a salir por la puerta, una mariposa entró por la ventana.

[Formamos una mariposa y la dejamos revolotear un poco]

Su alegre revoloteo fue cortado en seco por las enormes manos del guardia, que se abalanzaron sobre la mariposa aprisionándola.

[Plegamos sTm de golpe y la encerramos entre las dos manos]

- ¡Para mi colección! -exclamó triunfante el inesperado cazador de mariposas-. Ahora mismo voy a disecarte.

- No, por favor - reaccionó Varis horrorizado al pensar en el fatal destino que le deparaba al pobre animal-. Déjela al menos un rato aquí conmigo,  así me hará un poco de compañía. Ya la disecará después. Además, tiene que hacer la ronda, ¿no?

De mala gana, el vigilante abrió las manos y dejó escapar a la mariposa. El hombre lanzó un gruñido incomprensible y abandonó la garita, cerrando las ventanas y la puerta tras él.

Trascurrido un tiempo prudencial, Varis abrió una de las ventanas para dejar escapar a la mariposa. Le contaría al guardia que la había perdido de vista y listos. No es que a Varis le gustara decir mentiras, pero por una vida en juego valía la pena hacer una excepción.

Varis siguió con la mirada la marcha de la mariposa, y le llamó la atención aquel vuelo tan decidido. Parecía tener muy claro a donde se dirigía. La mariposa desapareció tras la esquina, donde se encontraba, si no recordaba mal, el estanque de los peces. Segundos después, escuchó un sonido extrañísimo. Nunca jamás había escuchado nada igual.

Varis no pudo resistir la curiosidad. "El guardia me ha dicho que no me mueva mucho. Y eso haré: sólo me moveré unos metros de nada" se dijo a si mismo mientras saltaba por la ventana.

Al doblar la esquina, Varis descubrió un grupo de animales reunidos junto al estanque.


[Formamos unos cuantos animales y los vamos nombrando]
Los animales jugaban, charlaban, y continuamente emitían ese sonido tan extraño para Varis.

¿Os imagináis de qué sonido se trataba?

¡Exacto! Carcajadas y risas. Varis no se sorprendió de ver a los animales hablar. Él también hablaba. Incluso Luís Miguel, su sobrino de apenas tres años, también podía hacerlo. Definitivamente, hablar no era nada del otro mundo. Lo increíble eran aquellas risas. Y parecían pasárselo tan bien... Intentó imitarles, pero más que una carcajada le salió un estornudo. Los animales se pusieron en alerta de inmediato al darse cuenta de la presencia de una persona. Pequeña sí, pero persona al fin y al cabo.

Seguro que alguno de vosotros estará pensando: "pero si los animales no se ríen". No sé, no sé. Ahora, tenemos que seguir con el cuento, y no podemos abrir este interesante debate, pero a lo mejor los animales simplemente no acostumbran a reirse ante las personas porqué no les damos demasiados motivos para ello. Quién sabe. Cuando veáis algún animal, fijaos bien.

Desde luego, como mínimo la presencia de Varis borró las sonrisas de los animales allí reunidos.

- No tengáis miedo, no quiero haceros ningún daño -trató de tranquilizarles Varis. Pero los animales ya habían oído muchas veces esas mismas palabras, y no estaban dispuestos a tropezar de nuevo con la misma piedra (ya sabéis que el hombre es el único animal especialista en hacer eso).

Cuando los animales estaban a punto de salir huyendo, la mariposa se acercó y se posó en el hombro de Varis con toda tranquilidad, como si ella fuera un loro y Varis un pirata. El resto de animales les miraron extrañados.

Entonces, el pirata, quiero decir, Varis, ofreció a los animales su tesoro, quiero decir, la manzana, que aún no se había comido. Con ese gesto de generosidad se acabó de ganar la confianza de los animales, especialmente de la serpiente, que no sé porqué pero le pirran las manzanas.
 
Varis pidió a los animales que le enseñaran a hacer aquel sonido tan original y divertido. La serpiente, tras presentarse y aclararle que, como la mayoría de serpientes, no era venenosa, se ofreció a darle un curso acelerado.

Pero justo cuando estaban de pleno en la primera lección, unos bramidos ensordecedores retumbaron por todo el zoo. ¿Qué animal podía hacer tanto ruido? Era el padre de Varis, Risto, buscándole a grito pelado  junto al guardia.

Todo parecía indicar que la aventura de Varis estaba a punto de llegar a su fin. Pero el niño y la serpiente se miraron, y sin cruzar una sola palabra ambos estuvieron de acuerdo.  Varis se la llevaría con él y así podrían continuar la lección en su casa. Con lo espabilada que era la serpiente, no tendría problemas para regresar ella sola al zoo más tarde.

Risto y el vigilante estaban asomando por la esquina.  No había tiempo de ir a la garita a buscar la mochila para esconder a la serpiente. 

- ¿Y si me llevas de cinturón? -sugirió el animal.


[Ponemos sTm estirada plana frente a nuestra cintura]


La idea era buena, pero Varis llevaba pantalones de tirantes, sin espacio para meter ningún cinturón.

- Elegí un mal día para llevar tirantes -lamentó Varis.

[Plegamos sTm] 

Entonces se le ocurrió la solución: ponerse a la serpiente de corbata. No pongáis esas caras: en la Edad Seria era bastante normal que los niños y las niñas llevaran corbata. ¿Para qué? ¿Con que finalidad? a lo mejor os estáis preguntando. Pues servía exactamente para lo mismo que a las personas mayores en la actualidad: para nada. Como mucho para meterla en el . Pero en esta ocasión, hay que reconocer que a Varis y a la serpiente les vino genial.

[Ponemos sTm estirada vertical frente a nuestro cuello]


Risto iba con tanta prisa que ni se dio cuenta de la flamante corbata de su hijo. De inmediato se metieron en el coche para regresar a casa lo antes posible. Risto le contó a Varis la gran noticia del premio "Alta resolución", y que iban a dar una fiesta en casa. Durante la mayor parte del trayecto su padre fue practicando el discurso con el que obsequiaría a los invitados.

- Mira Varis, he pensado que mi discurso podría empezar así: "Para saber que la familia Aires es una familia seria, solo hay que darle la vuelta a su apellido" ¿Qué te parece? ¿A qué es ingenioso? AIRES - SERIA.

Varis no pudo reprimir un bostezo antes de responder, y a la serpiente casi se le escapó una carcajada. No había visto a nadie más pesado desde la llegada del hipopótamo al zoo.

- Es brillante, papá. Seguro que les encantará. Pero como estoy tan cansado, ¿te importa si hoy me voy pronto a mi habitación para acabar los deberes y acostarme temprano?

Risto, maravillado una vez más por el comportamiento tan responsable de su hijo, no pudo decirle que no. Así, nada más llegar a casa, Varis cenó algo ligero, se guardó a escondidas un par de manzanas en los bolsillos y les dio las buenas noches a sus padres.

A solas en su habitación, retomaron de inmediato la clase particular. Varis aprendió rápidamente la teoría. Para sonreír se tenían que arquear los labios formando una "U". Y para reír, bastaba unir la  "J" con cualquier vocal: jaja, jeje, jiji... Parecía sencillo, pero la parte práctica se le resistía. La serpiente hizo sus mejores muecas para intentar despertar la risa de su alumno, pero no había manera.

- ¿Qué es lo que falla? -preguntó Varis, impaciente.

- Yo no entiendo mucho la forma de pensar de los humanos -reconoció la serpiente encogiéndose de la cola-, pero creo que a veces os empeñáis en tenerlo todo tan controlado, que sois vosotros mismos los que acabáis controlados y bloqueados. Pero ya te digo, para mí las personas sois un auténtico misterio.  De hecho, sois el segundo mayor misterio que conozco.

- ¿Y cuál es el primero?

- ¿Se apaga la luz de la nevera al cerrarse? ¿O se queda encendida todo el rato? Pero no nos dispersemos, que tú bastante tienes con lo tuyo. Ahora, será mejor que hagamos una pausa y nos relajemos un poco.

Los dos se estiraron en la cama en silencio. Mientras Varis reflexionaba sobre las palabras de la serpiente, la puerta de la habitación se abrió de repente. Risto entró como un cohete.

- Varis, antes no te lo he dicho, pero me ha encantado la corbata que llevabas esta tarde. Qué bien que aún no la hayas metido en la lavadora -celebró su padre señalando a la serpiente estirada en la cama junto a las dos manzanas-. La fiesta está a punto de empezar y me haría mucha ilusión ponérmela.

Risto se hizo con ella antes de que Varis pudiera impedírselo. La serpiente permaneció inmóvil, aunque no le gustaba nada aquel inesperado cambio de planes. Y menos aún justo cuando iba a hincar sus dos dientes a las manzanas.

- Vale, vale -reaccionó al fin Varis-. Pero déjame que te haga yo el nudo de la corbata, que es de un material muy delicado.

- Será un honor, hijo mío -accedió Risto, y se inclinó solemnemente hacia Varis, quien le anudó la corbata con el máximo cuidado-. Y cuando termines los deberes, a ver si te animas a salir aunque sea un momentito para saludar a los invitados. ¡Hasta luego!

- Qué... qué vaya muy bien papá.

Apenas cinco minutos más tarde, Varis no aguantó más y salió de la habitación. Desde las escaleras contempló el salón, repleto de invitados. En el centro divisó a Risto, charlando animadamente y recibiendo felicitaciones sin parar. Eva se acercó a su marido y le indicó que era conveniente comenzar ya con el discurso.  La grabación se difundiría en directo por Internet.

La serpiente, agotada con tanto ajetreo, se quedó adormecida y empezó a deslizarse poco a poco mientras Risto comenzaba a pronunciar sus primeras palabras, ante la atenta mirada de decenas de invitados y miles de internautas.

- Para saber que la familia Aires es una familia seria, solo hay que...

Eva le hizo señas a su marido para que se girara un momento y le indicó que se arreglara la corbata. Risto le hizo caso y se apretó el nudo con todas sus fuerzas. Aunque la serpiente era un animal de lo más pacífico, al despertarse víctima de aquel estrangulamiento se defendió clavando sus colmillos en la nariz del agresor.

A partir de aquí, lo que sigue es Historia. Pero Historia con mayúsculas, porque este suceso, aparentemente insignificante, desencadenó el principio del fin de la Edad Seria.

Risto se dio la vuelta de nuevo hacia el público, con una nariz más roja, grande y redonda que un tomate.

[Formamos una redonda, como el balón de antes]


Si, si, casi tan grande como el balón Edición especial grandes futbolistas.

Desde la última fila, al ver a su padre tan serio con aquella la narizota inflada, involuntariamente los labios de Varis formaron la sonrisa que llevaba horas intentando hacer, y sin poder evitarlo a continuación soltó una gran carcajada. 

[Pasamos de la bola a una sonrisa]


Todos se quedaron paralizados. Pero al cabo de unos segundos, la sonrisa y la risa de Varis empezaron a extenderse entre los invitados. Como una ola, como una cadena imparable de fichas de dominó cayendo, el carcajada colectiva se expandió por toda la ciudad, la provincia, el país, ¡el planeta!

[Ponemos sTm en vertical para hacer primero una escalera normal y luego doble]

[Plegamos sTm] 

Durante semanas no se habló de otra cosa que de ese extraño movimiento de boca que reportaba tan agradable sensación de alegría y felicidad, y además sin efectos secundarios. De entrada, a Risto no le hizo mucha gracia lo sucedido, pero se le pasó el enfado al ser condecorado con el nuevo premio "Sonrisas". Varis se libró de ser castigado, y desde aquel día no dejó de sonreír y re
ír, feliz por haber encontrado finalmente lo que le faltaba. La serpiente regresó al zoo con todos los honores, convirtiéndose en el animal más visitado del lugar. La popularidad no le hacía especial ilusión, pero sí que Varis fuera a menudo a charlar, reír y comer manzanas juntos.

En fin, espero que os haya gustado la historia. Y de paso, ahora ya sabéis porqué los payasos llevan siempre esa narizota roja tan peculiar. Según cuenta la leyenda, es su particular homenaje al acontecimiento que puso punto final la Edad Seria.

Y colorín, colorado... Un momento, ¿Qué ocurre, "sa Tauleta"?

[Nos ponemos sTm plegada en la oreja unos segundos y vamos asintiendo con la cabeza]

"Sa Tauleta màgica" quiere pediros un favor. Le gustaría que, a partir de ahora, cuando veáis a un amigo que ha perdido su sonrisa, le deis una de las vuestras. ¿De acuerdo? Venga, yo también lo haré. Y a ver si vuestros padres también se animan a hacerlo. De esta forma, entre todos, conseguiremos que nunca más vuelva la Edad Seria.