LA EDAD SERIA (continuación)


¡Muy bien! ¡Eso es! Una espléndida sonrisa de oreja a oreja. Bueno, es un decir, porque sa Tauleta no tiene orejas. Pero eso si, oye todo lo que decimos.

Qué rápido habeís visto la sonrisa. Os felicito. Porqué aunque os parezca increíble, hubo un tiempo en el que nadie lo hubiera adivinado. Si, si. ¿Sabéis por qué? Pues porqué hubo un tiempo en el que la gente se olvidó de sonreir. Así cómo suena.

[Plegamos sTm, con una mano si somos tauleters expertos, y si no tranquilamente con las dos (¡todo se andará!)]

Pensaréis que estoy exagerando. Para nada. Y no me refiero a que algunas personas dejaran de sonreir, cómo el quiosquero con cara de pocos amigos de al lado de vuestra casa, ese que gruñe cada vez que alguien coge alguna de sus revistas y se pone a ojearla. Yo estoy hablando de una época en la que todo el mundo se olvidó de sonreir.

Semejante tragedia no pasó de un día para otro. Comenzó como una simple moda, igual que llevar pantalones bombachos o jugar a las canicas en el patio. Pero cada vez más y más personas se fueron uniendo, convencidas de que tal y como estaban las cosas, sonreir era una pérdida de tiempo, un lujo que no podían permitirse. En cuestión de meses, si te veían reir en la calle, la gente te ponía mala cara y a veces hasta podían llamarte la atención por esa falta de educación. En cambio, aquel que iba caminando rápido por la calle con cara de palo y sin mirar a su alrededor, despertaba admiración a su paso: "es un tipo serio", "debe estar tratando asuntos importantes",  cuchicheaba la gente a su alrededor.

También hubo gente, aunque tampoco demasiada, preocupada con lo que estaba sucediendo, y lucharon por continuar sonriendo. Formaron un movimiento conocido con el nombre de "la risastencia". En un intento desesperado, incluso llegaron a organizar clases sobre la risa. Tenían un nombre raro, "risoterapia" o algo así. Pero cómo os podéis imaginar, no sirvió de mucho. Cómo si la risa se pudiera estudiar...

Poco a poco fue ganando terreno el lema "ocúpate hoy de las cosas serias, que ya reirás mañana". Pero por mucho que se dedicaban, ese mañana nunca llegaba. Y como reir no es como ir en bicleta, que nunca se olvida, llegó el día en que se olvidaron. Y estaban tan ocupados que ni se dieron cuenta.    

Durante algunos años, aunque no sabían el porqué, a menudo se mostraban apenados, melancólicos... A veces se ponían a llorar sin motivo aparente. ¿Sabéis eso que se suele decir "Me rio por no llorar"? Pues a la gente aquí le pasaba justo lo contrario: lloraban por no reir.

[Desplegamos sTm  y formamos una mueca de tristeza]

 

Pero con el paso del tiempo, sus rostros acabaron reflejando algo aún mucho peor que la tristeza y el llanto: la ausencia de emociones:

[Estiramos sTm hasta dejarla completamente horizontal]



Había comenzado una nueva etapa en la historia del hombre. Bienvenidos a la Edad Seria.


[Plegamos con solemnidad sTm]

"Pues vaya nombre más tonto para ponerle a una época", alguno de vosotros estará pensando ahora mismo. Lo puedo leer en vuestras caras. Y un poco de razón si que tenéis. Yo no sé quien es el encargado de poner los nombres a los periodos de la historia, pero desde luego suele quedarse a gusto. Que si la edad de piedra y la de bronce, que si la edad antigua y la moderna. Y a la edad hay entre estas dos, en un alarde de imaginación van y le ponen la Edad Media. Que si, que tendría muchos caballeros, princesas y hasta algún que otro dragón, pero vaya birria de nombre: Edad Media. Así que Edad Seria tampoco suena tan mal.

¿Y cómo eran las personas en la Edad Seria? Pues más o menos igual que en el resto de épocas.

[Formamos un hombrecillo con los brazos caidos]


Lo único que, ¿Sabéis esa sensación cuando se os duerme una pierna por estar mucho rato sin moveros? Pues a la gente de la Edad Seria le ocurría lo mismo con los músculos de la boca por no utilizarlos.

[Plegamos sTm]

Pero ahora no quiero aburriros con los detalles sobre cómo era la vida en la Edad Seria. Vamos a centrarnos en la increíble historia que le ocurrió a una familia: la familia Aires.

La familia Aires estaba compuesta por Risto, que era el padre, Eva, que era la madre, y su hijo, Evaristo. Eva-risto, así se las gastaban en la Edad Seria. Todo seguía una lógica aplastante. En particular, la familia Aires era un ejemplo en todos los sentidos, un modelo de seriedad admirado en toda la provincia. A menudo la gente acudía a su casa, una bonita casa unifamiliar, para pedirles consejos sobre cualquier cosa.

[Formamos cualquiera de las casas que se pueden hacer, por ejemplo ésta]


Risto se tomaba muy en serio su trabajo, y siempre dejaba a sus clientes con la boca abierta. Era dentista infantil.

[Plegamos sTm]

De hecho, de estar aquí ahora mismo no vería niños, sino clientes potenciales. A 75 euros la caries... Bueno, no, que en la Edad Seria no utilizaban euros. Ni pesetas, ni dólares. Crearon su propia moneda: el adusto. Antes he buscado esta palabra en el diccionario y resulta que ya existe. Quiere decir "de aspecto o carácter serio y severo". Adusto. Rimando con "adulto" ya se veía venir que no iba a ser nada divertido. Es curioso cómo en la Edad Seria el vocabulario evolucionó para adaptarse a la nueva realidad. Todas las palabras relacionadas con la diversión y las bromas fueron quedándose arrinconadas. ¿Qué sentido tenía gastar una broma o contar un chiste si nadie se iba a reír? Por el contrario, todos sabían hablar de la seriedad con todo lujo de detalles y utilizando un sin fin de palabras. Es como los esquimales, que al vivir rodeados de nieve son capaces de distinguir entre 30 tipos de blanco. Pues en la Edad Seria lo mismo pero con la seriedad.

Pero volvamos con la familia Aires. Como ya os he dicho, la mujer de Risto se llamaba Eva. Mientras su marido tenía el pelo corto y de un rubio dorado como una moneda de 10 adustos, ella lucía una larguísima cabellera morena. Eva trabajaba en una fábrica de bollería. Era la encargada de decidir el cromo que había que meter en cada pastelito. Vaya trabajo más guay y divertido, ¿no?. Bueno, ella introducía cada cromo con la misma seriedad que su marido extraía cada muela. Y los 2 negocios se complementaban a la perfección. Eva iba metiendo cada día un cromo diferente, todos muy llamativos, con más colorido que el arco iris. Los niños los querían tener todos y no paraban de dar la lata a sus padres (con los abuelos era más fácil) hasta que les compraban el bollo que contenía tan preciado tesoro. Y ya sabéis que pasa con la bollería industrial, que provocan caries y no sé que más cosas a los dientes. Pero ahí estaba Risto, dispuesto a solucionar el problema. Tras el paso por su consulta los dejaba listos para seguir consiguiendo cromos y comiendo bollos. Un círculo perfecto. Tanto, que acabaron por ponerse a trabajar puerta con puerta.

[Formamos cualquiera casa con anexo, por ejemplo ésta]


En la casa con el techo en forma de triángulo trabajaba Eva, y justo al lado, en la casita del tejado plano, Risto tenía su consulta de dentista.

Y por fin llegamos al protagonista de nuestra historia: Evaristo. En lugar de heredar el cabello rubio del padre o moreno de la madre, Evaristo era pelirrojo. Por lo visto era igualito al pelo de su tatarabuelo, quien por cierto había sido el último líder de "la risastencia”, aunque de aquello ya nadie se acordaba. Evaristo se aplicaba al máximo en la escuela, en las actividades extraescolares, en casa... y hacía caso de todo lo que le ordenaban sus padres. Por ejemplo, en una ocasión su padre le propuso llamarle Varis en lugar de Evaristo, con lo que se ahorrarían 3 letras cada vez que pronunciaran su nombre. Evaristo, es decir Varis, aceptó el cambio sin rechistar, y para regocijo de su padre dijo muy solemne: esto supone un ahorro del 37,5%.

Sin embargo, cuando Varis alcanzó más o menos vuestra edad algo empezó a cambiar. Notaba que le faltaba algo, y no era la E inicial y el TO final de su nombre. Una noche se puso a llorar, e  igual que el agua hace crecer las plantas, las
lágrimas hicieron crecer su determinación a encontrar lo que le faltaba. Y empezó su búsqueda. Sus padres se dieron cuenta del extraño comportamiento y de sus extrañas preguntas, del tipo ¿Papá, mamá, vosotros sois felices? "¡Claro! ¡Por supuesto! Igual que tú" respondieron sin dudarlo un segundo.  Pero Varis sentía que en el puzzle de su felicidad faltaba alguna pieza muy importante..

Sus padres estaban orgullosos de su hijo. Varis siempre sacaba las mejores notas de su clase, y también solía destacar en su equipo de fútbol. Por aquel entonces, llegó a ser el pichichi de la liga, y sus padres le regalaron un balón de reglamento. Edición especial grandes futbolistas.

[Formamos un balón]


Perdón, ¿he dicho pichichi? No, no, que ya no se utilizaba esa palabra. Se la veía poco seria y empezó a decirse en inglés: "top scorer". Puede parecer absurdo, pero eso era de lo más habitual; cuando
a alguna cosa se le quería dar importancia o seriedad,  se decía en inglés y asunto arreglado.

Una mañana, mientras Risto estaba en su trabajo, recibió una extraordinaria noticia: se le había concedido el premio "Alta resolución" (hacer clic para ampliar info). Una especie de ciudadano del año, que premiaba a las personas que habían tomado resoluciones (es decir, decisiones) difíciles y valientes. En el caso de Risto, la causa del galardón había sido su innovador método express para curar caries. Dolía un poco más, de acuerdo, pero era mucho más rápido que el sistema anterior.

Risto no podía estar más contento con el premio. Para celebrarlo, daría una fiesta por todo lo alto aquella misma noche en su casa. Entre muela y muela, a lo largo de la mañana fue organizando la fiesta: comida, bebida, y un escenario donde el daría ante los asistentes su discurso de agradecimiento por el premio recibido. A Risto solía hablar de excelencia, eficiencia, eficacia y cosas así, siempre buscando la perfección en todo lo que hacía. Pero todas las personas, por eso, porqué son personas, a veces se equivocan. Y en aquella ocasión, Risto olvidó que Eva le había dicho por la mañana: "Risto, mañana Varis se va de excursión al zoo. Ve a recogerle tú, que yo por la tarde tengo una reunión de trabajo muy importante".

Al ver que los padres de Varis no venían, el profesor llamó a sus padres. Pero los dos móviles estaban apagados. El de su madre, porqué estaba en la reunión, y convencida de que su marido estaba con Varis. Y el de Risto, porqué lo había desconectado para escribir un discurso a la altura de las circunstancias. Después de insistir una y otra vez, finalmente, el profesor logró localizar al padre del chico.

[Desplegamos un móvil plegable y nos lo ponemos en la oreja]


- ¡Córcholis! ¡Qué cabeza la mia! Es que me han dado el premio "Alta resolución", ¿Sabe usted? Bueno, bueno, ahora mismo voy para allá.

El zoo se encontraba en la otra punta de la ciudad y además era hora punta, por lo que a la hora del cierre Risto aún se encontraba a mitad de camino. El guardia de seguridad del zoo acompañó a Varis a su garita y ambos se sentaron compartiendo mesa. Mientras el guardía merendaba, Varis aprovechó para hacer los deberes. Cuando le ofreció una manzana, el chico abrió la boca para rechazar la invitación. Sin embargo, llevaba varias horas sin probar bocado, y un ruidoso crujido de su estómago respondió por él. El vigilante le lanzó la manzana y se puso en pie.

- Voy a hacer la ronda. No te muevas mucho ¿Vale, naranjito?

A Varis le molestaban sobremanera los comentarios sobre el color de su pelo, pero pensó que tampoco serviría de nada protestar. Simplemente dijo que si con la cabeza mientras sostenía la apetecible manzana con las dos manos. Cuando el guardia se disponía a salir por la puerta, una mariposa entró por la ventana.

[Formamos una mariposa y la dejamos revolotear un poco]

Tras revolotear unos segundos distraidamente, las enormes manos del guardia se avalanzaron sobre la mariposa y se convirtieron en una jaula para ella.

[Plegamos sTm y la guardarmos entre las dos manos]

- ¡Para mi colección! -exclamó triunfante el inesperado cazador de mariposas.

- No por favor - reaccionó Varis horrorizado al pensar en el triste destino que iba a tener el pobre animal-. Déjela al menos un rato aquí conmigo,  así me hará un poco de compañía.

De mala gana, el vigilante abrió las manos y dejó escapar a la mariposa. El hombre lanzó un gruñido incomprensible y salió a hacer la ronda por el zoo, cerrando las ventanas y la puerta tras él.

Trascurrido un tiempo prudencial, Varis abrió una de las ventanas para dejar a la mariposa en libertad. Ya le contaría al guardía que el animal debía estar escondido por la garita y listos. A Varis no le gustaba en absoluto decir mentiras, pero habiendo una vida en juego haría una excepción.

Varis siguió con la mirada la marcha de la mariposa, y llamó su atención aquel vuelo tan decidido, como si tuviera muy claro a donde se  dirigía. Finalmente desapareció tras la esquina, donde se encontraba, si no recordaba mal, el estanque de los peces. Segundos después, escuchó un sonido que nunca jamás antes había escuchado, y Varis no pudo resistir la curiosidad. "El guardia me ha dicho que no me mueva mucho. Y eso haré: sólo me moveré unos metros de nada" se dijo a si mismo mientras saltaba por la ventana.

Al doblar la esquina, Varis no podía creerse lo que descubrió. Incluso se frotó lo ojos para asegurarse de que no estaba soñando. Varios animales estaban reunidos junto al estanque.


[Formamos unos cuantos animales y los vamos nombrando]
Los animales jugaban, charlaban, y continuamente emitían ese sonido tan extraño para Varis.

¿Os imagináis de que sonido se trataba?

¡Exacto! Risas y sonrisas. Varis no se sorprendió de ver a los animales hablar. Al fin y al cabo él también hablaba y no le parecía nada del otro mundo. Lo que le parecía increible eran aquellas risas. Y parecían pasarselo tan bien... Intentó imitarles, pero más que una carcajada le salió un estornudo. Los animales se pusieron en alerta de inmediato al darse cuenta de la presencia de una persona. Pequeña si, pero persona al fin y al cabo.

Seguro que alguno de vosotros estará pensando: "pero si los animales no se rien". No sé, no sé. Tenemos que seguir con el cuento, y no podemos abrir ahora este interesante debate, pero a lo mejor los animales simplemente no acostumbran a reirse ante las personas porqué no les damos demasiados motivos para ello. Quien sabe.

Desde luego, como mínimo la presencia de Varis borró las sonrisas de los animales allí reunidos.

- No tengáis miedo, no quiero haceros ningún daño -trató de tranquilizarles Varis. Pero los animales ya habían oido muchas veces esas mismas palabras, y no estaban dispuestos a tropezar de nuevo con la misma piedra (ya sabéis que el hombre es el único animal especialista en hacer eso).

Cuando los animales estaban a punto de salir huyendo, la mariposa se acercó y se posó en el hombro de Varis con toda tranquilidad, como si ella fuera un loro y Varis un pirata. El resto de animales les miraron extrañados.

Entonces, el pirata, quiero decir, Varis, ofreció a los animales su tesoro, quiero decir, la manzana que aún no se había comido. Con ese gesto de generosidad se acabó de ganar la confianza de los animales, especialmente de la serpiente, que no sé porqué pero le pirran las manzanas.
 
Varis pidió a los animales que le enseñaran a hacer aquel sonido tan original y divertido. La serpiente, tras presentarse y aclararle que, como la mayoría de serpientes, no era venenosa, se ofreció a darle un curso acelerado.

Pero justo cuando iba a comenzar la primera lección, unos bramidos retumbaron por todo el zoo. Era el padre de Varis, Risto, buscándole desesperadamente junto al guardia.

Todo parecía indicar que lamentablemente la aventura llegaba a su fin. Sin embargo, el niño y la serpiente se miraron y sin decir una sola palabra ambos estuvieron de acuerdo. Varis se la llevaría con él y así podrían continuar en su casa. Con lo espabilada que era la serpiente, no tendría problemas para regresar más tarde.

Por las voces, Risto y el vigilante estaban a punto de doblar la esquina, por lo que Varis no tenía tiempo de ir a la garita a buscar su mochila y esconder a la serpiente.

- ¿Y si me llevas de cinturón? -sugirió el animal.


[Ponemos sTm estirada plana frente a nuestra cintura]


La idea era buena, pero Varis llevaba pantalones de tirantes, sin espacio para meter ningún cinturón.

[Plegamos sTm] 

Entonces se le ocurrió a Varis la solución: se pondría a la serpiente de corbata. En la Edad Seria no era extraño ver a niños y niñas con corbata. ¿Para qué? ¿Con que finalidad? a lo mejor os estáis preguntando. Pues servía exactamente para lo mismo que a las personas mayores en la actualidad, es decir para nada. Pero en esta ocasión, hay que reconocer que a Varis y a la serpiente les vino genial.

[Ponemos sTm estirada vertical frente a nuestro cuello]


Risto estaba tan nervioso que ni se dió cuenta de la nueva corbata de su hijo. De inmediato se metieron en el coche de vuelta a casa. Risto le contó a Varis la gran noticia del premio "Alta resolución", y que iban a dar una fiesta en casa. Durante la mayor parte del trayecto su padre fue practicando el discurso con el que obsequiaría a los invitados.

- Mira Varis, he pensado que mi discurso podría empezar así: "Para saber que la familia Aires es una familia seria, solo hay que darle la vuelta a su apellido" ¿Qué te parece? ¿A qué es ingenioso? AIRES - SERIA.

Varis no pudo reprimir un bostezo antes de responder, y a la serpiente casi se le escapa una carcajada.

- Me parece brillante papá. Pero como estoy tan cansado, ¿te importa si hoy me voy pronto a mi habitación para acabar los deberes y acostarme temprano?

Risto, maravillado una vez más por la responsabilidad sin par de su hijo, no pudo decirle que no. Así, nada más llegar a casa, Varis cenó algo ligero, se guardó a escondidas un par de manzanas en los bolsillos y se despidió de sus padres hasta la mañana siguiente.

A solas en su habitación, parecía que por fín podrían continuar el curso sobre la risa. Sin embargo, Risto irrumpió sin tan siquiera picar a la puerta.

- Varis, me encanta esa corbata que llevabas hoy. Que bien que aún no la hayas metido en la lavadora -se alegró su padre señalando a la corbata/serpiente estirada en la cama-. Me la pondré para la fiesta, que está a punto de empezar. Y cuando termines los deberes, a ver si te animas a salir aunque sea un momentito para saludar a los invitados.






Si véis a un amigo que ha perdido su sonrisa, dadle una de las vuestras.

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